jueves, 21 de abril de 2011

A un día, de algún mes, de aquel año

Nunca creías en destino. Siempre pensabas que era la escusa que utilizaban las personas para no culparse de sus errores.
La verdad, se que creías que la vida se rige por golpes de suerte. Pequeños golpes que nos impulsan cuando estamos abajo o que nos hacen caer cuando estamos a punto de conseguir un sueño. En tu vida no has tenido demasiados golpes de... ¿suerte?. Nunca fuiste popular, no recibías cartas de admiradores secretos y la gente no se peleaba por ti para sentarse a tu lado durante la hora de comer. Sabias que no habías sido creada para triunfar. Eso fallos, las faltas de suerte tan necesitada y esos pocos impulsos puede que fuesen tu verdadero destino.
Nadie tiene un camino bajo los pies, sino que todos tenemos una vida entre las manos. Esta vida depende de donde provienes, de tu creación. Las personas sois seres creados con dificultad por pequeñas piezas, pequeños detalles. Es un trabajo largo y difícil, pero con un resultado hermoso. En cambio, tú, tu estabas creada con otro material. Hecha con algo que filtra la pena y tiene un maquillaje amable. Defectuosa y sin opción a cambio.
Pero, al igual que no creías en el destino, tampoco en el camino de la vida. Nadie sigue un sendero en el que elegir izquierda o derecha. No es tan simple. Todos tenéis vuestra parte de mundo, vuestra explanada. Vuestra vida. No tiene horizonte, solo las metas que tu le marques. Y en ella, todos sois puntos de luz, de colores, mas grandes o mas pequeñas. Camaleónicas de color, dependiendo de nuestro estado de ánimo, claras y felices; oscuras y enfadadas... y ese es vuestro fin, quedaros solas y recordar todos vuestros momentos.

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